| VISION 90 |
I. MARCO TEOLOGICO Y MISIOLOGICO 1.
Nuestra Hermenéutica II. NUESTRO CONTEXTO LATINOAMERICANO 1.
Realidad Sociopolítica y Económica III. NUESTRA MISION: ENFASIS PARA LA DECADA DE LOS 90 1.
Nuestras Convicciones
Sin profecía, el pueblo muere. Un movimiento que no escucha la palabra de Dios pierde la visión, su impulso misionero, y al final, muere. La pérdida de la visión conduce a luchas viscerales, a la ortodoxiapor, la pérdida de identidad. Es la visión la que empuja al pueblo de Dios hacia la visión.
Visión es un sueño que nos mueve y que creemos se podrá convertir en realidad, no es un plan ni un programa. Visión es una utopía, proyecta nuestro compromiso y acción.
Una visión para la obra de Dios se basa en la fe de que Dios nos llama y nos da un propósito, exige que discernamos los tiempos y oportunidades de nuestra época. Buscar el kairos es posible, pues Dios preparó buenas obras desde antes de la fundación de los siglos para que anduviésemos en ellas. Visión es creer que Dios satisface los deseos del corazón de aquellos que le agradan, le piden recibir y golpean para que se les abra. Visión es creer que el Espíritu Santo dirige a su Pueblo. Visión es por lo tanto, un sueño, un hablar del corazón, un buscar el sentido de dirección de Dios.
Una visión proviene de Dios; surge del encuentro con El mismo y el conocimiento de Su carácter y persona. Es ese encuentro y conocimiento donde escuchamos Su llamado y encargo.
Busquemos a Dios y conozcámoslo, así podremos leer la realidad desde su perspectiva, entenderla y comprometernos con su proyecto. Visión es disponerse a actuar donde Dios está actuando. Esta es la visión que nos toca, llama, envía, moviliza, cuestiona y reorienta; la visión que mueve nuestros movimientos a ser colaboradores de Dios en Su reino, la universidad, familia, iglesia y sociedad.
Creemos que Visión 90 es el resultado de uno de esos raros momentos de gracia, de llamado y toque de Su Espíritu. Estudiémoslo con dedicación y permitamos que el Señor nos convenza, comprometa y movilice.
Los Editores Quito, junio de 1990
Nosotros, Secretarios Generales, Coordinadores Nacionales, miembros del Equipo Regional de la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos (CIEE) en América Latina, hacemos llegar a todos los militantes, estudiantes, obreros, profesionales y amigos de la Comunidad, este documento para su reflexión, identificación y compromiso. Nos hemos reunido en Picalqui, Ecuador del 8 al 21 de octubre de 1989 para orar, reflexionar y buscar de Dios una visión conjunta para la obra estudiantil en nuestro continente. Nuestra participación fue fraternal, cada uno de nosotros representaba a movimientos afiliados, movimientos pioneros y con estrechas relaciones con la CIEE.
Somos parte de la familia de la CIEE, integrada por ciento treinta y tres movimientos nacionales autónomos, cuyo compromiso es la encarnación del Evangelio en la escuela, universidad y profesión. La CIEE en América Latina ha procurado cristalizar su visón misionera inspirada en documentos como el Pacto de Lausana, cuyo origen se remonta al Congreso Mundial de Evangelización de Lausana, Suiza, 1974. En nuestro peregrinaje continental hemos articulado nuestra identidad teológica y misionera en documentos importantes en el pacto de Curitiba (1976) e Itaici (1979). Estos documentos son claves para entender nuestro ser y qué hacer misionero. Nuestro documento surgió como fruto de un proceso de oración, reflexión y compartir de visión. Empezó desde la base en reflexiones individuales, por subregiones (centroamérica-México, Cono Sur, Países Andinos y Caribe), posteriormente articulado en un sólo documento, el cual finalmente fue discutido, pulido y aprobado por unanimidad en sesión plenaria.
Dado el carácter fraternal de este encuentro, la visión que compartimos busca proveer lineamientos y principios. Aunque no tiene carácter de obligatoriedad, invitamos a todos aquellos desafiados por esta visión, a que junto con nosotros, se comprometan y entreguen en oración y acción con el fin de que esta visión se torne realidad. I. MARCO TEOLOGICO Y MISIOLOGICO
1.1 La Palabra Afirmamos que la Palabra de Dios es el punto de partida para el análisis, la reflexión y la práctica de nuestra misión. Dios se ha revelado en acciones concretas en la historia y el ser humano no podría conocerlo a parte de la revelación en la Palabra. 1.2 El Contexto Afirmamos que el contexto sociohistórico, político y económico, cultural y religioso es el lugar para entender el propósito de Dios y del ser humano, revelado en la Palabra. 1.3 La Contextualización Afirmamos que la encarnación de Jesucristo es el modelo que debemos asumir en nuestra misión, en dimensiones como: la necesidad de salvación eterna, identificación con el pecado y la problemática humana, solidaridad con las necesidades espirituales y materiales, la dignificación dela persona y la restauración de sus relaciones hacia la plenitud de la imagen de Dios. Consideramos que la contextualización es un proceso mediante el cual la Iglesia, en obediencia y fidelidad a su Señor y a Su Palabra, hace pertinente y relevante su mensaje y práctica.
2. Marcos Teológicos de la Hermenéutica en la Visión y Misión 2.1 Visión y Llamado Creemos que visión y llamado surgen de la revelación de Dios y el conocimiento de Su carácter, en consecuencia hemos de interpretar la realidad a la luz de este conocimiento y comprometernos con su propósito.
2.2 Historia de la Salvación La historia dela salvación, creación, caída, redención y consumación, nos provee un comprensivo y adecuado marco de referencia en nuestra hermenéutica. a. La creación nos coloca en el marco del propósito inicial de Dios para la humanidad. Hombre y mujer, creados a la imagen y semejanza de Dios son hecho un ser espiritual, material, cultural, social, ético y moral. Dios les constituyó como administradores de la creación para hacerla producir para su propio gozo y bien común. b. La caída por el pecado nos presenta a un ser humano fracturado en sus relaciones con el Creador, el prójimo, consigo mismo y la naturaleza. La consecuencia es un orden de injusticia, dolor, egoísmo, explotación, opresión y muerte. Toda la humanidad cae bajo el juicio de Dios. c. La redención. Dios toma la iniciativa para restaurar el proyecto de Su creación. A través de la historia revela su propósito a la humanidad de muchas maneras, pero en particular, en la persona de Jesucristo, quien por su muerte y resurrección reconcilia consigo todo el orden creado. d. La consumación. La redención ya iniciada por Jesús aguarda la plenitud en su retorno. Cielo nuevo y tierra nueva donde mora la justicia, nos compromete y renueva nuestra esperanza.
2.3 El Reino de Dios El Reino de Dios irrumpe en la persona y obra de jesucristo, dando cumplimiento a las promesas escatológicas del Antiguo Testamento y evidenciando la acción de Dios en la historia. Este Reino se hace presente en el mundo por la acción y poder del Espíritu Santo. a. Sus valores. La iglesia, como comunidad del Reino, está llamada a proclamar y vivir sus valores: el amor, el perdón, compasión, la justicia, la verdad y el juicio de Dios. El Reino de Dios es dádiva, pero también es demanda. Exige una vida de arrepentimiento y compromiso con los valores y la ética de ese Reino. b. Su crecimiento. Aunque su comienzo fue y puede ser imperceptible, su crecimiento está leudando y transformando el mundo. Por la Palabra de Dios, el Reino crece y avanza, forjando hombres y mujeres nuevos. A su vez. enjuicia todo aquello que se opone ala justicia y verdad de Dios. c. Su lucha espiritual y victoria. El Reino de Dios experimenta oposición y conflicto con el reino de la muerte, destrucción y mentira del anti-reino. Se origina así: una lucha espiritual contra fuerzas visibles e invisibles que se encarnan en personas, pensamientos, conductas, sistemas y estructuras. Esta lucha del Reino crece a medida que la historia marcha hacia su culminación, la plena victoria del reino de Dios sobre el anti-reino de Satanás y sus huestes. Esta esperanza escatológica desenmascara y hace relativa toda práctica y proyecto humano, pero a su vez nos compromete y llena de alegría y expectativa por toda manifestación aún parcial del Reino y sus valores.
Reconocemos al examinar nuestra vivencia de fe, la superficialidad en el estudio dela Palabra y en el entendimiento de los propósitos de Dios. Confesamos nuestra pobreza en el compromiso con la creación y el reino de Dios. Nos arrepentimos por las veces en que hemos reducido el Reino y sus expresiones a la idiosincrasia de nuestros grupos y movimientos. Quiera el Señor ayudarnos a ser fieles y consecuentes con el Reino y sus manifestaciones en nuestros movimientos, la iglesia y el mundo.
II. NUESTRO CONTEXTO LATINOAMERICANO La realidad donde nos movemos es de suma importancia para el desenvolvimiento de nuestra misión; es en ella que el Reino se implanta y avanza. Consideramos así algunos componentes de nuestra realidad.
1. Realidad Sociopolítica y Económica 1.1 En lo social encontramos un cuadro de deterioro de los derechos humanos en nuestro continente. hambre, miseria y violencia son expresiones de este deterioro, mientras salud, y educación pública son todavía privilegios de minorías. La violencia e irrespeto a la vida humana se manifiesta en diversas formas, ideologizadas o no, del Estado o de movimientos de liberación. Este cuadro nos indigna, sensibiliza y compromete. 1.2 En lo económico, vemos una fuga de nuestra riqueza para mitigar una devorante deuda externa, la pérdida de valores de nuestros productos, el saqueo inmoral y abusivo del productor y especulador, la salida de capitales por parte de nuestras élites. El retraso tecnológico retarda el desarrollo económico. 1.3 En nuestra formación religiosa y cultural, reconocemos una pobre ética del trabajo. El trabajo se percibe como castigo o un mal necesario. esta visión del trabajo no crea riqueza, no organiza estructuras de producción y sí crea una mentalidad dependiente y un orden de burocratismo. El facilismo, soborno, palanca, explotación y corrupción son otros aspectos de esta deformación. 1.4 En el ejercicio del poder, hemos vivido una historia marcada por el militarismo, caudillismo y otras formas autoritarias. Malformaciones familiares, vacíos en el liderazgo e ideologías de seguridad nacional son algunos de los factores que dan espacio a para estos abusos del poder. Consecuencias nefastas de esta realidad son el armamentismo, los elevados gastos militares, dictaduras y caciquismos que empobrecen los pueblos y violentan los derechos humanos. 1.5 Como algo emergente de los elementos descritos anteriormente surge el narcotráfico con todas sus secuelas. Su corrupción penetra en instituciones y todos los estratos sociales, trastorna el orden de producción, pervierte los valores y destruye ideas. 1.6 En la administración de la creación, estamos presenciando una escalante depredación de la riqueza natural. La avaricia de los grupos económicos, el desplazamiento de sectores pauperizados y la ausencia de un concepto y formación que valore la naturaleza, repercutan en una desastrosa y peligrosa mayordomía de la creación. 1.7 En lo regional, percibimos el nacionalismo como un obstáculo a la búsqueda de soluciones comunes, la integración económica y la superación del subdesarrollo.
La realidad demográfica de América Latina tiene en la juventud su mayor componente. Esta generación surge en medio de una desilusión ideológica. El fracaso delas propuestas ideológicas y experimentos económicos ha generado un espíritu de desengaño, de acomodación y falta de esperanzas. La familia se encuentra fracturada. Al concubinato histórico se agrega el divorcio y la separación actual. El empobrecimiento económico forza a la pareja a la lucha por la superviviencia, dejando a miles de niños huérfanos en su formación y a un sinnúmero deambulando por las calles. 2.1 Son motivos de preocupación para nuestra misión: a. El descompromiso. La falta de compromiso entre la juventud surge como fruto de una repetido desencanto frente a las opciones de cambio. Se debilitan la esperanza, la mística, la militancia y los sueños. b. El individualismo. Este vacío de ideales es llenado por un creciente individualismo; se expresa en la búsqueda del bien y placer personal a expensas de las necesidades del prójimo. Conforman una juventud narcisista y hedonista. c. Lo sensorial. El motivo de vivir gira alrededor de la búsqueda de sensaciones fuertes en imágenes, sonido, tacto y experiencias. La sexualidad queda desvirtuada de compromiso. Alcoholismo y drogadicción son otras formas de descomposición. d. Lo electrónico. La industria electrónica, traducida en juegos, videos, equipos de sonido, instrumentos musicales, ha explotado y reforzado estas fuerzas, generando así una juventud alienada. e. El facilismo. Fruto del consumismo y la desilusión, observamos un generalizado apego a lo fácil, manifestado en la pérdida de la excelencia académica y el abandono de una conducta ética. f. Lo místico. El vacío ideológico y espiritual existente se presta para que los jóvenes estén abiertos a corrientes como las religiones y filosofías orientales, el poder mental y el ocultismo. 2.2 Son características esperanzadoras y de vínculo: a. Libres para optar. No estando atados a preconceptos ideológicos, se encuentran libres para responder a nuevas opciones y desafíos. b. Atraídos por lo genuino. La desilusión genera sed por lo genuino; se sienten atraídos donde encuentran lo auténtico e íntegro. c. Buscando amistades. La desintegración familiar, la masificación y la ausencia de comunidades desafiantes, crean un estado de aislamiento y de soledad profunda. Este vacío propicia la búsqueda de amistades significativas.
La universidad latinoamericana, que es nuestro campo de misión, no ha quedado libre del deterioro económico y social, así como tampoco de la creciente alienación juvenil. En nuestro preocupación por ella y deseo de alcanzarla, creemos importante destacar: 3.1 Crisis de identidad. Su propósito formador, su función de consciencia crítica, su rol investigador, se ha reducido a la producción de mano de obra especializada para el sistema. Reproduce sin transformar. 3.2 Pérdida del espíritu "Universitus". El énfasis técnico ha desplazado al humanístico. Se pierde el valor del conocimiento universal y ontológico, reduciendo el sentido de la vida humana y el valor mismo de la universidad como tal. 3.3 Opacamiento de su importancia. Se ha reemplazado a la universidad como centro aportante en el área de la investigación y desarrollo tecnológico, el cual ha sido monopolizado por las corporaciones en beneficio de sus propios intereses. 3.4 Masificación angustiante. El creciente número de estudiantes más la limitación presupuestal han provocado una reducción en las exigencias académicas. Asociado a estos factores, la falta de crecimiento del aparato productivo ha redundado en el desempleo de sus egresados. Graduarse no es garantía de trabajo, lo cual trae angustia e incertidumbre. 3.5 La realidad nocturna. Un procentaje creciente de universitarios, obligados por la angustiante presión económica trabaja en el día y estudia por la noche. Se forma así un conglomerado con una idiosincrasia particular: dispone de menos tiempo, es pragmática y realista.
En nuestro análisis del contexto latinoamericano tomamos en cuenta la realidad de la iglesia, por su importancia histórica. Al mirarla, lo hicimos en términos de su entendimiento de la misión del mundo. 4.1 La confesión Católica. Al examinar la realidad latinoamericana, no se puede desconocer la estrecha relación entre la historia de nuestros pueblos y la presencia de la Iglesia Católica. Reconocemos en ella el desarrollo de corrientes dinámicas, cada cual con su propuesta misiológica distinta según su entendimiento de la realidad. Se destaca la corriente tradicional, carismática y de la teología de la liberación. 4.2 La confesión Evangélica. En el ámbito de la realidad latinoamericana, la Iglesia Evangélica surge como un fenómeno creciente. Indudablemente ha sido influenciada por esta realidad, pero también ha expresado una propuesta misiológica distintiva. Dentro de sus diversas vertientes destacamos las siguientes: a. El evangelismo tradicional. Segmento mayoritario de la Iglesia Evangélica en América Latina. Ve en el pecado individual la razón de todos los males; en consecuencia, pone énfasis en la conversión individual y la santificación personal. Su militancia misionera se orienta a la multiplicación de iglesias que reproduzcan estos énfasis. Este marco misiológico responde a las verdades bíblicas, pero reduce la dimensión de realidad y de la revelación en lo que respecta a lo social, político, económico y cultural. b. El movimiento de Lausana. Dentro de esta tendencia nace un movimiento que aún afirmando la autoridad de la Biblia y el imperativo de la conversión personal, busca ampliar su marco misiológico con el fin de hacerlo mas integral, fiel y relevante. Temas como el Evangelismo y la Cultura, la Responsabilidad Social, la Contextualización del Mensaje, han sido profundizados en su agenda de trabajo. A pesar de su intención integradora, se nota aún el temor paralizante en la práctica de la dimensión social y política. El pobre es principalmente mirado a partir del marco teológico de la compasión. El compromiso con la justicia todavía no es parte de la agenda del movimiento. c. El movimiento ecuménico. Ve el compromiso y la acción misiológica como la principal tarea de la Iglesia. La misión se hace a partir del pobre. En su hermenéutica, la mediación de las Ciencias Sociales es fundamental en la búsqueda de la eficacia. Vemos en su compromiso con el pobre, la justicia y la paz, dimensiones de la agenda bíblica, sin embargo, si la Escritura es tomada en su totalidad, y preservada su autoridad, trasciende y juzga cualquier tipo de mediación. La Escritura propone su propia agenda. El hombre necesita más que una rehumanización, debe ser llamado a un cambio de vida mediante un nuevo nacimiento y relación con Dios. Una evangelización fiel y relevante deberá tomar en cuenta esta realidad.
Al describir éste, nuestro contexto, no lo hacemos con el ánimo de lavarnos las manos, sino mirarnos a nosotros mismos y ver nuestros pecados, fracasos, inconsistencias y debilidades. En nuestra búsqueda de fidelidad a la misión encomendada, creemos que la confesión y el arrepentimiento son punto de partida. Nos parece importante destacar lo siguiente: 5.1 Hemos sido superficiales en el análisis de nuestra realidad, ya aún a veces hemos reducido su ámbito y el de la misión a lo individual. Nuestro compromiso ha sido más discurso que práctica. 5.2 Con frecuencia nuestra misión se reduce a un buen análisis de la juventud y realidad universitaria, pero no tomamos la iniciativa de proclamar el camino del Reino y su justicia, antes nos atemoriza cuando vemos que en ves de transformar la realidad, ésta nos transforma a nosotros. 5.3 La institucionalización, profesionalismo, nacionalismo, polarización ideológica, el mal uso del poder en caciquismos y democratismos, han sido expresiones pecaminosas que nos han distanciado, privado de la comunión, del trabajo en equipo y de la renovación de la misión. 5.4 Nuestra participación en la Iglesia no siempre ha sido en el espíritu de la humildad y el servicio, antes hemos subestimado su trabajo y valor. 5.5 Nos hemos dejado influenciar por el espíritu académico, proyectando cierta arrogancia intelectual y descuidando dimensiones de la espiritualidad como el ayuno, la oración, los dones y manifestaciones del Espíritu Santo. 5.6 En nuestro peregrinaje en América Latina, hemos experimentado crisis, discontinuidad y hasta muerte de movimientos. Reconocemos aquí la falta de compromiso, de espíritu sacrificial, pérdida de la visión frente a los cambios generacionales y a su vez, una mala mayordomía de nuestros recursos.
Quiera el Señor tomar en cuenta nuestra confesión y provocar en nosotros un genuino espíritu de arrepentimiento, renovando nuestra entrega y visión.
III. NUESTRA MISION: ENFASIS PARA LA DECADA DE LOS 90. Como CIEE reafirmamos nuestro compromiso con la misión integral de Jesucristo, en búsqueda de una visión misionera que abarque el ser y qué hacer (o quehacer???) humano en la familia, iglesia y sociedad. Reafirmando la universidad como campo de misión prioritaria al cual hemos sido llamados por nuestro Señor para hacernos presentes como una expresión de su pueblo y de su Reino.
1.1 Es fundamento, autoridad y norma para nuestra vida personal, comunitaria y la vida de nuestros movimientos. 1.2 Es primordial en nuestra hermenéutica y en la lectura y transformación de la realidad. 1.3 Es el factor principal para dinamizar y renovar nuestra misión. Por lo tanto, a ella y a su juicio sometemos nuestra acción, pensamiento y misión.
2.1 La proclamación 2.2 La confesionalidad: nuestra herencia evangélica 2.3 La piedad 2.4 La iniciativa y responsabilidad estudiantil 2.5 La interdenominacionalidad: vocación a la unidad 2.6 La formación 2.7 La indigeneidad 2.8 El servicio 2.9 La acción misionera
3.1 La proclamación. Afirmamos la urgencia y prioridad del anuncio y vivencia del Evangelio del Reino en el poder del Espíritu Santo. a. La profundización y contextualización de nuestro mensaje b. La evangelización enfocada al hombre y la mujer como sujetos de ella y como seres integrales. c. La evaluación y elaboración de métodos y estrategias que sean bíblicos y fieles a la Escritura y pertinentes a la realidad de nuestro medio. d. El crecimiento cuantitativo y cualitativo en la conversión y formación de los estudiantes. 3.2 La confesionalidad. Nuestra pertenencia, cooperación y ministerio en la Iglesia Evangélica debe caracterizarse por: a. Participación de todos los miembros de los movimientos en una iglesia local. b.Progresiva promoción de las vocaciones al patorado. c.Caminar como iglesia en la revisión y profundización de nuestra misión dentro del marco de la misión integral. d. Enriquecer la relación de los movimientos con las iglesias y organizaciones cristianas. 3.3 La piedad. Entendemos nuestra piedad como una vivencia y compromiso de nuestra relación con Dios y el prójimo, desde la perspectiva del amor cristiano. a. La ética y santidad personal como fundamento para nuestro testimonio y autoridad para el ministerio. b. La oración como parte esencial de nuestro ministerio. c. La lucha espiritual y el ayuno como el secreto del avance y de la victoria. 3.4 La iniciativa y responsabilidad estudiantil. Esperamos de los líderes estudiantiles (obreros y profesionales): a.Un vida fundamentada en la Palabra de Dios. b. Un ministerio respaldado por la oración constante. c. Un liderazgo que modele el de Jesús como líder, siervo, pastor y evangelista. d. Una conciencia y compromiso de su participación, desde el Evangelio, en la iglesia, el movimiento y la sociedad. 3.5 La interdenominacionalidad. Nos percibimos como un brazo de la iglesia en la universidad, unidos en la misma fe y propósito misionero, respetando las diferencias denominacionales de cada cual, sin afiliarnos a ninguna estructura denominacional. Somos un ser interdenominacional, conformado por miembros de distintos trasfondos, experiencia y compromiso eclesiástico. Representamos y promovemos nuestro origen y militancia, pero en el marco de la obra estudiantil, dejamos a un lado nuestras diferencias doctrinales secundarias, para unirnos en lo central de la fe. En consecuencia debemos: a. Conocer lo esencial de la fe cristiana expresada en nuestra confesión de fe. b. Respetarnos en lo secundario que nos diferencía. c. Unirnos en torno al propósito misionero del grupo. d. Animar a que cada miembro del grupo tenga su propia convicción y militancia eclesial. e. Evitar el dominio de una denominación en particular y buscar la participación representativa de miembros de variadas iglesias. En este sentido somos un movimiento ecuménico. 3.6 La formación. Nuestra formación en los movimientos se da en el marco de la educación no formal, la cual comprende cursos estructurados, así como la autoformación entendida como un proceso formativo que se da en el estudio diligente de la Palabra, la lectura sobre la realidad y la fe cristiana, en el contexto de la vida y experiencia del ministerio. Clave en este proceso de formación es el discipulado persona a persona, donde el creyente es acompañado en su crecimiento personal, pastoreado y desafiado a la militancia. Esta formación incluye los elementos teológicos, pastorales y herramientas ministeriales e implica un proceso de información, formación y transformación. Algunas de nuestras metas específicas son: a. Formar expositores bíblicos, evangelistas, apologetas, personas con dones pastorales y escritores. b. Estructurar programas de capacitación para estudiantes, líderes y obreros nacionales. c.Estimular a los movimientos a la integración e investigación de la fe y el conocimiento de la realidad desde la perspectiva de la cosmovisión bíblica. d.Producir materiales por los movimientos y la Oficina Regional. e.Intercambiar materiales y experiencias entre los movimientos. f.Pastorear a las necesidades crecientes de los militantes de nuestros movimientos, en lo preventivo, mediante la promoción de una vida personal y comunitaria sana y sanadora y en lo curativo, mediante el ministerio de la sanidad integral hacia la madurez cristiana. 3.7 La indigeneidad. Enfatizamos la indigeneidad en nuestros movimientos y en nuestra misión. La entendemos como el encarnar el Evangelio y nuestro ministerio en el contexto de cada país y realidad. a. Respetamos las características particulares de los movimientos. b. Profundizamos nuestro compromiso con la iniciativa y responsabilidad estudiantil como la estrategia de nuestra misión en la universidad a través de: liderazgo e iniciativa estudiantil, movilización de células que expresen proclamación, comunión, servicio, enseñanza y adoración como señal del Reino de Dios. 3.8 El servicio. Nuestra misión en el mundo está marcada por el servicio cristiano, el que entendemos como: a. Un compromiso con la situación de marginalidad y pobreza en base a la compasión y la justicia que traen el shalom de Dios. b. La dimensión profética del anuncio del Reino y la denuncia del anti-reino en nuestra universidad, iglesia y sociedad latinoamericana. c. La formación de distintas vocaciones y la ayuda mutua en la comunidad universitaria con fines de servicio. d. La promoción de vocaciones gremiales y sociopolíticas. 3.9 La acción misionera. Nuestra visión y misión se desarrolla dentro de: a. El marco de la misión integral. b. El sacerdocio universal y vocación misionera de todos los creyentes. c. El envío de misioneros dentro y fuera del país como parte importante de nuestra participación en la evangelización mundial. d. La cooperación en la capitalización y canalización de las experiencias y visión misionera dentro de los movimientos.
4. Literatura. En lo que a literatura respecta, se espera: 4.1 Que los movimientos escriban su historia y evalúen su ministerio. 4.2 Que los movimientos impriman y distribuyan literatura producida en sus respectivos países y además los intercambien con otros movimientos. 4.3 Que la Comunidad revise, amplíe y edite su historia.
5. Estructura y Administración Esperamos que el perfil de la estructura y administración de la obra estudiantil en América Latina se caracterice por: 5.1 Estructuración de las instancias deliberativas, administrativas y ministeriales (directiva estudiantil, comités de profesionales y obreros). 5.2 Capacitación de estudiantes, profesionales y obreros involucrados en estos organismos. 5.3 Búsqueda de autofinanciación de los movimientos nacionales. 5.4 Apoyo a los movimientos en la consecución de sus objetivos mediante el ministerio del Equipo Regional de la Comunidad. 5.5 Comunicación eficaz entre los movimientos e intercambio de sus experiencias ministeriales. 5.6 Cooperación en el financiamiento de los eventos continentales y subregionales.
Al cerrar nuestra convivencia y reflexión, nos sentimos inmensamente agradecidos a nuestro Dios, quien en su misericordia creativa y salvadora, ha levantado testimonio estudiantil en casi la totalidad de los países latinoamericanos. Donde antes no hubo nada por Su Palabra, hoy, treinta años después, su pueblo reunido en Picalqui anuncia que: "De El, por El y para El son todas las cosas. A El sea la gloria por los siglos. Amén. " voltar a contenido Leia ainda: Pacto de Lausanne, Carta dos obreiros |